El arte de respirar.

Respirar. Conectar con la respiración. En la gran mayoría de las disciplinas meditativas el respirar es una de sus principales consignas. De hecho, algunas prácticas se basan principalmente en el ejercicio consciente de inhalar y exhalar.

Respirar es una de las funciones del cuerpo que ocurren sistemáticamente y de manera autónoma. No podemos dejar de respirar si hemos de seguir vivos. Respiramos, en general, sin pensar que tenemos que respirar. A menos que tengamos una condición de salud particular como la apnea, no nos podemos “olvidar” de respirar. El corazón late y los pulmones respiran, estemos conscientes de ello o no.

La respiración, como los latidos del corazón, reflejan el estado emocional y físico en el que estamos inmersos en cada momento. La respiración se vuelve corta y superficial cuando estamos nerviosos o estresados. Agitada y veloz cuando tenemos miedo o angustia severa. Condiciones internas se manifiestan externamente a través de inhalar y exhalar. En parte esto es emocional, y en parte es un reflejo primario del cuerpo que busca oxigenarse al máximo ante una situación que decodifica como peligrosa o incierta.

¿Por qué hablamos de “conectar con la respiración”? Intentamos establecer este contacto para lograr principalmente dos cosas, una de “adentro hacia afuera” y otra de “afuera hacia adentro”. Con respecto a la primera, conectar con la respiración nos permite, a través de analizar el tipo de inhalación y exhalación que ocurre en el momento, comprender con mayor claridad cuál es el verdadero estado emocional en el que nos encontramos. En ocasiones, indicadores como la respiración o el pulso nos permiten ver mas allá lo que la mente nos deja ver en relación a nuestras emociones. El primer paso es, entonces, comprender.

Modificar nuestras acciones externas puede influir con profundidad en estados internos. Esto es a lo que me refiero con de “afuera hacia adentro”. Si la ansiedad me produce una respiración corta y acelerada, el conectar con la inhalación y exhalación, buscando hacerla mas profunda y pausada tiene un efecto inmediato sobre mi nivel de ansiedad. Se produce entonces un circulo virtuoso a través del cual al comprender a través de la respiración cuál es mi estado emocional, puedo comenzar a modificar la misma para lograr un efecto sobre este último. Conecto, comprendo, modifico. Conecto, comprendo, modifico. En el caso de la ansiedad, a medida que a través de modificar la respiración ésta se reduce, la forma en que respiro cambia naturalmente.

Durante la meditación Zen (o Zazen), utilizamos la respiración como vehículo para conectarnos con el cuerpo físico y la mente en el presente. En ocasiones contamos la inhalación y exhalación hasta diez, para luego revertir la cuenta a cero. Este tipo de técnicas son de suma utilidad, especialmente en los comienzos de nuestra práctica. Una vez lograda esa conexión, sin embargo, es importante soltar este “bastón” para permitir que la respiración se vuelva natural y sin intervención de la mente. No se ha de convertir en algo nuevo a que aferrarse.

Una manera de entrenar nuestra capacidad de estar presentes con nuestra respiración es utilizar un “aviso externo”. La idea es encontrar algo en nuestro espacio cotidiano que nos recuerde volver por un instante la atención a cómo estamos respirando. Por ejemplo, cada vez que entro a la cocina de mi casa. Al cruzar el umbral de la puerta me detengo por un instante y vuelvo el foco a la respiración. También se puede utilizar la alarma de un reloj, poniéndola para que suene una o dos veces por día en un horario específico. Cada vez que suena, volver a la respiración y notar su estado. Haz esto por unas semanas y fíjate si notas un cambio.

Respirar se ha convertido en algo con connotaciones muy complejas en estos tiempos de pandemia. Usar barbijos o tapabocas para respirar. Requerir un “respirador” si se está gravemente enfermo de covid-19. Respirar trae hoy a la consciencia varios estímulos y sensaciones que poco tienen que ver con los de un estado meditativo. Es entonces un buen momento para conectar con lo importante que es tomar consciencia sobre algo que nos es muy natural y damos por hecho, a lo que no le prestamos en general demasiada atención: respirar.

Recuerda: Respiramos como vivimos, y vivimos como respiramos.

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